Historia de la 1ª Internacional




Aquí presentamos una reseña histórica de la 1ª Internacional, extractada del libro Las tres primeras internacionales - su historia y sus lecciones - de NovackFrankel y Feldman.


La Primera Internacional (1864-76)

1. Formación de la Primera Internacional

La Primera Internacional nació en Inglaterra. Esto no fue accidental. Inglaterra, la cuna del capitalismo industrial, era el país económicamente más avanzado del siglo XIX. Los antagonismos de clase modernos surgieron primero y se desarrollaron más poderosamente en Inglaterra y fue allí donde primero se manifestaron las formas esenciales de la lucha proletaria contra la clase capitalista. En el gran Movimiento Cartista de 1840, Inglaterra presenció la primera movilización política del proletariado como clase. Fue en Inglaterra donde por primera vez la clase obrera se organizó en sindicatos. Los más intrépidos y visionarios líderes de la clase obrera inglesa fueron los primeros en llegar a una clara comprensión de la lucha de clases como factor histórico y principio táctico. Fue allí donde el proletariado adquirió antes el profundo sentido de la solidaridad internacional y la necesidad imperativa de concertar la acción en la lucha contra la sociedad capitalista basada en esta solidaridad.
La Primera Internacional no bajó del cielo completamente desarrollada ni fue la creación exclusiva de la grandiosa mente de Marx. Fue un producto genuino del movimiento de la clase obrera y de la iniciativa de su vanguardia. Creció sobre un terreno ya roturado con la lucha de clases y regado por las semillas del internacionalismo. Su aparición fue preparada por un grupo de precursores que había difundido las ideas y sentimientos de la solidaridad proletaria, ideas que penetraron en pequeños círculos de trabajadores conscientes, aún bajo las condiciones más adversas y decepcionantes.
Desde 1845 hasta 1864, hubo una serie de intentos de organización de la clase obrera que culminaron en la fundación de la Primera Internacional. Aquí señalaremos las tres organizaciones más importantes. La primera de ellas fue la Sociedad de Demócratas Fraternales, organizada en 1845 por Julian Harney en Londres, donde se aglutinaron los refugiados políticos de toda Europa. Esta fue la primera organización internacional de la clase obrera. La segunda fue la Liga Comunista que, basada en el trabajo de Marx y Engels, el Manifiesto comunista, dio al movimiento obrero internacional su primer programa científico y las bases teóricas correctas. La tercera fue el Comité Internacional organizado por Ernest Jones en Londres que, por medio de sus mítines masivos y manifiestos, mantuvo vivas las tradiciones del internacionalismo durante los reaccionarios años de 1850.
Cuando las condiciones para su fundación maduraron, la Primera Internacional fue construida sobre las bases del trabajo realizado por estos pioneros. Después de la derrota de las revoluciones de 1848 y durante el auge posterior del capitalismo en la década de 1850, el movimiento obrero estuvo terriblemente deprimido. A muchos parecía que nunca recobraría la intensidad revolucionaria que había desplegado en los momentos más candentes de los levantamientos de 1848. A pesar de que la idea del internacionalismo decayó, nunca estuvo totalmente extinguida. Se mantuvo viva en pequeños grupos aislados muy débiles, pero fieles líderes de la clase obrera. Aquellos que han pasado por períodos comparables de reacción y repliegue durante el siglo XX pueden comprender el carácter de la época.
Más tarde, a finales de la década de 1850, ocurrieron una serie de hechos que cambiaron la situación internacional y contribuyeron a revivir el movimiento obrero y por consiguiente al espíritu internacionalista. Los más importantes fueron la crisis económica de 1857, la más catastrófica y extendida del siglo XIX, la guerra de independencia italiana en 1859 y el estallido de la Guerra Civil en Estados Unidos en 1860 - 1861.
Estos grandes eventos históricos tuvieron consecuencias económicas y políticas extremadamente significativas en Francia e Inglaterra, los países más industrializados de Europa. Debilitaron la dictadura de Napoleón III y lo obligaron a extender las concesiones económicas y políticas a los, hasta ahora, atomizados obreros franceses. Paso a paso avanzaron los trabajadores. Se les dio la oportunidad de votar en las elecciones y se rechazaron las leyes que prohibían las organizaciones sindicales para mejorar las condiciones de vida.
Sin embargo, los desarrollos decisivos tuvieron lugar en Inglaterra. Aunque en 1825 los trabajadores ingleses conquistaron el derecho a sindicalizarse, las masas no tenían derecho a votar. Mientras tanto, el desarrollo continental del capitalismo había creado una competencia peligrosa para los trabajadores ingleses en la forma de trabajo sobreexplotado. Cuando intentaban asegurar salarios más altos, o menos horas de trabajo, los capitalistas ingleses amenazaban con importar fuerza de trabajo barata de Francia, Bélgica, Alemania y otros países. El estallido de la Guerra Civil norteamericana y el embargo de las exportaciones de algodónprodujo una crisis algodonera que causó gran miseria entre los obreros textiles ingleses.
Estas condiciones impactaron a los sindicatos británicos y precipitaron el desarrollo de lo que llegó a conocerse como el "Nuevo Sindicalismo" dirigido por un grupo de líderes experimentados de los mecánicos, carpinteros, ebanistas, constructores, zapateros y otros sindicatos.
Estos hombres reconocieron la necesidad de una lucha política a favor de los sindicatos y comenzaron a tomar un profundo interés en los asuntos nacionales y extranjeros. Realizaron enormes mítines de masas exigiendo la extensión del derecho al voto de los obreros, protestando por la conspiración del primer ministroPalmerston para intervenir en la Guerra Civil norteamericana contra el Norte, y dándole una recepción de bienvenida a Mazzini, luchador por la libertad italiana, quien visitó Londres en 1864.
Este despertar político de la clase obrera inglesa y francesa también revivió la idea del internacionalismo. La visita de delegados obreros franceses a la Exposición Mundial de Londres en 1862, aunada la conspiración conjunta de Francia, Inglaterra y Rusia para aplastar la insurrección polaca por la independencia en 1863, condujo a un intercambio de correspondencia sobre sus calamidades comunes y finalmente a un mitin conjunto de representantes obreros franceses e ingleses en el St. Martin's Hall en Londres, en setiembre 28 de 1864. Allí se decidió crear un comité que delineara los estatutos para una organización internacional obrera que deberían ser aprobados en un congreso internacional, citado al año siguiente en Bélgica. Las reseñas periodísticas sobre el comité, que estaba compuesto por numerosos sindicalistas y representantes obreros extranjeros, mencionaban en último lugar a Karl Marx, quien estaba destinado a ser una de las figuras más destacadas de la organización.
2. El papel de Marx.
Después de las derrotas de 1848, que precipitaron la disolución de la Liga Comunista, y durante los años siguientes de reacción, los exiliados Marx y Engels, a pesar de que siguieron de cerca los acontecimientos políticos, se dedicaron a su trabajo científico. Reconociendo que "hay un tiempo para cada cosa" esperaron un vuelco de la situación para desarrollar su actividad práctica de organización del movimiento obrero en condiciones más propicias. En el momento en que el movimiento obrero y revolucionario comenzó a revivir, los combatientes se pusieron su armadura y se sumergieron en la pelea con todas las armas a su alcance. El 13 de febrero de 1863, Marx escribió a Engels: "La era de la revolución se abre de nuevo claramente en Europa." (Marx - Engels, Selected Correspondence [Correspondencia escogida]) Cuando se conformó el Comité Internacional de Trabajadores, le escribió a sus amigos norteamericanos: "A pesar de que durante años, me he negado sistemáticamente a pertenecer a cualquier "organización", esta vez acepté porque aquí existe la posibilidad de hacer algo realmente bueno."
Inmediatamente Marx se convirtió en el líder intelectual de este comité de cincuenta miembros, la mitad de los cuales eran obreros ingleses. Después que otros vacilaron, asumió la tarea de esbozar el programa y los estatutos de la Primera Internacional. El comité entusiasta y unánimemente aprobó el Discurso inaugural y las Reglas provisionales, pidiendo solamente la adición de unas pocas frases abstractas acerca del "derecho y el deber, la verdad, la moralidad y la justicia" que, como Marx dijo a Engels, fueron incluidas por él de tal forma que no desfiguraron el contenido.
El Discurso inaugural de la Asociación Internacional de Trabajadores pronunciado en el mitin del St. Martin'sHall de Londres, el 28 de setiembre de 1864, es, junto con el Manifiesto comunista, una fuerte denuncia al capitalismo y una exposición de las metas de la clase obrera. Comenzó recordando el impresionante hecho de que durante los años de 1848 a 1864, a pesar de ser un período de incomparable desarrollo industrial y comercial, la miseria de la clase obrera no había disminuido.
Para probar este punto comparó las aterradoras estadísticas publicadas en los Blue Books oficiales sobre la miseria del proletariado inglés con las cifras utilizadas por el ministro de hacienda, Gladstone, en sus discursos ministeriales. Estas mostraban que "el intoxicante aumento de la riqueza y el poder" que se dio en el mismo período había sido en exclusivo beneficio de las clases poseedoras. Quizá la única excepción era la de una pequeña capa aristocrática de trabajadores, que recibían salarios más altos; pero este incremento desaparecía ante el alza general en los precios. "Por todas partes las grandes masas de las clases trabajadoras se hunden cada vez más profundamente, y al mismo ritmo de quienes por encima de ellas ascienden en la escala social... Cada nuevo desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo tiende a agudizar los contrastes sociales y a evidenciar los antagonismos de la sociedad... Esta época está marcada en los anales de la historia por el rápido retorno, el gran alcance y los efectos mortales de esa peste social llamada crisis comercial e industrial." (Obras escogidas)
El discurso señalaba que, incluso en los años reaccionarios de 1850, los trabajadores consiguieron dos conquistas significativas. Una de ellas fue la promulgación legal de la jornada de diez horas de trabajo, forzada por la lucha del proletariado inglés. "La ley de las diez horas" no fue sólo una gran conquista práctica, sino la victoria de un principio; era la primera vez que, a la luz del día, la economía política de la clase media sucumbía ante la economía política de la clase obrera." (Obras escogidas) Otro logro significativo fue el del establecimiento del movimiento cooperativo y de las fábricas cooperativas, que probaron en la práctica que los trabajadores pueden organizar la producción y sus intercambios sin necesidad de los explotadores.
Y aún más: "los señores de la tierra y del capital continuarán utilizando sus privilegios sistemáticamente para la defensa y perpetuación de su monopolio [de los medios de producción]." Por lo tanto, la gran tarea de la clase obrera es la de tomarse el poder político. Los trabajadores se están dando cuenta de esta necesidad, tal como lo demostraron con el resurgimiento de los movimientos obreros en Inglaterra, Francia, Alemania e Italia y con los esfuerzos por organizar políticamente a los trabajadores. Los obreros "poseen un elemento para el éxito, su número. Pero el número pesa en la balanza sólo cuando está unido en una organización y dirigido hacia un fin consciente". La experiencia ha demostrado que ignorar la solidaridad que debe existir entre los trabajadores de todos los países y dejar de impulsarlos a estar presentes hombro a hombro en todas las luchas por su emancipación, revierte siempre en un fracaso general de todos sus esfuerzos. Esta consideración, junto con las señaladas anteriormente sobre la política exterior, condujo al mitin del St.Martin's Hall a fundar la Asociación Internacional de los Trabajadores. (Mehring)
El discurso concluyó con el inmortal grito de batalla del Manifiesto comunista: "¡Proletarios de todos los países, uníos!".
En las Reglas provisionales se incluyen muchas de las máximas clásicas del marxismo. La emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos. La lucha por la emancipación de la clase obrera no es la lucha por el establecimiento de nuevos privilegios de clase, sino por la total abolición del régimen de clases. El sometimiento económico del trabajador ante aquellos que se han apropiado de los instrumentos de trabajo, esto es, de las fuentes de la vida, conduce a todo tipo de servidumbre: miseria social, atrofia intelectual y dependencia política. La emancipación económica de la clase obrera es, por lo tanto, la gran meta para la cual deben utilizarse todos los movimientos políticos. La emancipación de los trabajadores no es una tarea local, ni nacional. Abarca a todos los países en los que existe la sociedad moderna y sólo puede lograrse por medio de una cooperación sistemática entre todos estos países. Las reglas trazaron y definieron las tareas del Consejo General compuesto por trabajadores de varios países representados en la asociación.
El Discurso inaugural se diferencia del Manifiesto comunista en la forma. Marx escribió a Engels, "hace falta tiempo, antes de que el movimiento revivido nos permita utilizar el viejo lenguaje audaz. La necesidad del momento es: osadía en el contenido, pero moderación en la forma". Este documento se diferenciaba del Manifiesto porque pretendía agrupar en una sola estructura a trabajadores con diferente grado de desarrollo político. Pero, contenía implícitamente las ideas fundamentales del comunismo. Marx confiaba en que posteriormente la conciencia de clase de los trabajadores se desarrollaría y se elevaría como resultado de su acción unificada para garantizar la victoria final del socialismo científico al interior de la Internacional, y a través de ésta, sobre la clase capitalista.
3. Logros de la Primera Internacional
La Primera Internacional vivió durante catorce años, desde 1864 hasta 1878. Como es imposible relatar toda su actuación y los documentos de sus congresos, se mencionarán solamente los logros y las actividades organizativas más destacadas.
La Internacional se anotó su primer éxito significativo en la lucha que dirigieron sus miembros por la reforma de los derechos políticos en Inglaterra. Al escribir a Engels el 7 de julio de 1886, Marx decía: "Las demostraciones de los obreros de Londres, maravillosas, si las comparamos con cualquier otra que hayamos visto en Londres desde 1849, son fruto del trabajo de la Internacional. Por ejemplo, Lucraft, el líder de la demostración en Trafalgar Square, es miembro de nuestro consejo. En un mitin de 20.000 personas en Trafalgar SquareLucraft propuso una demostración en Whitehall Gardens, "donde una vez hicimos picadillo la cabeza de un rey", y poco después, una demostración de 60.000 personas en Hyde Park, casi se convierte en insurrección."
Los actuales dirigentes del Partido Laborista, quienes lo han convertido en un instrumento para preservar el capitalismo y mofarse del marxismo extranjero e impracticable, realmente le deben sus puestos y su poder a la lucha por la extensión de los derechos políticos llevada a cabo bajo la dirección intelectual de Marx.
Los miembros de la Internacional dirigieron una vigorosa campaña por una legislación laboral progresiva. Exigieron una jornada de trabajo más corta y condenaron el trabajo nocturno y todas las formas de trabajo perjudiciales para las mujeres y los niños. En 1886, el Congreso de la Internacional de Ginebra declaró: "Exigiendo la adopción de estas leyes, la clase obrera no consolidará los poderes dominantes, sino que por el contrario, convertirá en su propio instrumento a esos poderes que ahora son utilizados contra ella."
La Internacional estimuló la organización sindical en muchos países. Así mismo, buscó elevar el nivel político del movimiento sindical y lograr que sus miembros fuesen conscientes de su misión histórica. "Conduciendo incesantemente una guerra de guerrillas en la lucha diaria entre el capital y el trabajo, los sindicatos llegarán a ser aún más importantes como palanca para la abolición organizada del trabajo asalariado. En el pasado, los sindicatos han concentrado sus actividades demasiado exclusivamente en la lucha inmediata contra el capital, pero en el futuro no se pueden mantener por fuera de la política general y del movimiento social de su clase. Su influencia será cada vez más fuerte y las grandes masas de trabajadores se darán cuenta de que su meta no es estrecha ni egoísta, sino que se propone lograr la emancipación de millones de oprimidos."
De acuerdo a esta línea, la Internacional apoyó las huelgas que se extendieron de un país a otro después de la crisis económica de 1866. En cualquier sitio donde estallaran estas luchas la Internacional llamó a los trabajadores a apoyar, en su propio interés, a sus camaradas extranjeros. Los capitalistas trataron de atribuir estas huelgas a las maquinaciones de la Primera Internacional, así como hoy se las atribuyen a las actividades de los "agitadores extranjeros", "rojos" y "trotskistas". Algunos capitalistas suizos llegaron a enviar un emisario a Londres para averiguar las fuentes financieras de la Internacional, que eran realmente escasas. "si estos buenos cristianos ortodoxos hubiesen vivido durante los primeros días de la cristiandad, habrían investigado la cuenta bancaria de Pablo en Roma", dijo Marx burlonamente.
La Internacional expresó su solidaridad activa siempre que las luchas de los pueblos llegaron al extremo de una guerra civil o nacional. De 1864 a 1869 la Internacional le envió cuatro mensajes al pueblo norteamericano. El primero fue al presidente Lincoln, apoyando la resistencia de su gobierno al poder esclavista; el segundo al presidente Johnson sobre el asesinato de Lincoln; el tercero al pueblo, por su triunfo sobre los esclavistas; y el cuarto a William Sylvis, presidente del National Labor Union, en 1869, en protesta contra los intentos de las clases dominantes europeas de arrastrar a Estados Unidos a la guerra.
La Internacional desató sobre su cabeza la ira de toda la burguesía y de los filisteos cuando, en dos mensajes escritos por Marx, exhortó a los trabajadores franceses que se sublevaron al final de la guerrafrancoprusiana en 1871 a tomarse el poder y crear la Comuna de París. Con un ejército invasor a sus puertas, estos "titanes de tormentas" de la clase obrera. Fueron sangrientamente masacrados por las fuerzas de la burguesía francesa, ayudadas por el ejército de Bismarck, así como en 1943 - 1945 el general Badoglio logró desviar y aplastar la revolución italiana con la ayuda de las fuerzas anglonorteamericanas y stalinistas.
El mayor logro de la Internacional fue dar la prueba viviente de que la unidad internacional de los trabajadores era posible y fructífera.
A pesar de su inevitablemente primitiva organización interna, aportó un modelo para todas las organizaciones proletarias internacionales posteriores. El término "internacionalismo" está en el diccionario y el himno "La internacional" fue escrito gracias a la existencia de la Primera Internacional.
4. La lucha por el marxismo.
Junto con estas demostraciones prácticas de la solidaridad de la clase obrera, la Primera Internacional sirvió de instrumento y de terreno para la popularización de las ideas marxistas. A pesar de que Marx fue reconocido como su inspirador y dirigente teórico, sus doctrinas tuvieron que luchar para lograr el predominio dentro de la organización y entre los obreros con conciencia de clase. Desde un principio, Marx tuvo que luchar contra la ideología liberal burguesa y evitar las presiones de los líderes sindicales británicos en el Consejo General.
Pero, los competidores más serios de las ideas del socialismo científico entre los obreros avanzados fueron las diferentes variedades del socialismo pequeñoburgués, anarquismo y actitudes sectarias y oportunistas en relación a los problemas que afrontaba el movimiento obrero. La historia de la Primera Internacional, escribió Marx en una carta a Bolte el 23 de noviembre de 1871, fue "una lucha continua del Consejo General contra las sectas y los experimentos de aficionados, que intentaban mantenerse dentro de la Internacional contra el movimiento real de la clase obrera. Esta lucha se llevaba a cabo en los congresos, pero mucho más en las negociaciones privadas del Consejo General con las secciones individuales". (Selected Correspondence)
Marx tuvo que pelear con las ideas proudhonianas, que hoy han desaparecido totalmente, pero que en esa época eran la corriente más popular del socialismo pequeñoburgués. Los dos futuros yernos de Marx, PaulLafargue y Charles Longuet, fueron apóstoles de Proudhon antes de volverse marxistas.
A diferencia de los socialistas científicos, los proudhonianos querían conservar la propiedad privada, reorganizando el intercambio de productos apropiados privadamente. Sus planes prácticos para reformar la sociedad burguesa consistían en formar sociedades cooperativas y en remendar el sistema monetario. Estos socialistas pequeñoburgueses eran enemigos de las principales formas y métodos de lucha proletaria.Proudhon se oponía a los sindicatos, deploraba las huelgas y repudiaba la participación directa en política. Sus discípulos sostenían que las naciones deberían disolverse en pequeñas comunidades que luego formarían algún tipo de asociación voluntaria en sustitución del estado.
Marx y sus seguidores tuvieron que luchar continuamente contra esta tendencia, muy poderosa entre los trabajadores franceses y suizos, que no eran obreros de fábrica sino artesanos que todavía se inclinaban hacia las modas y el pensamiento pequeñoburgués.
Sin embargo, la lucha teórica y organizativa más importante de Marx fue contra las ideas anarquistas, representadas por Mijail Bakunin, heroico revolucionario ruso y padre del movimiento político anarquista que hoy está en sus últimos días. Las principales diferencias entre Marx y Bakunin pueden ser brevemente indicadas. El marxismo se basa sobre el proletariado industrial como la fuerza social decisiva de la sociedad moderna. Bakunin buscó la base social para su movimiento revolucionario en los campesinos, el lumpen-proletariado y en los elementos pequeñoburgueses desposeídos y desesperados.
El marxismo lucha contra todos los gobiernos reaccionarios y busca establecer el poder estatal de la clase obrera, como transición necesaria para abolir toda autoridad del estado y las formas de coerción. El anarquismo está contra toda autoridad y todo tipo de estado, independientemente de su carácter reaccionario o progresivo y de su naturaleza de clase. Los anarquistas, por lo tanto, se oponen a la participación en política, mientras los marxistas enseñan que los trabajadores deben participar activamente en política y conquistar el poder del estado "por los medios que sean necesarios".
Estas diferencias principistas le dieron base a Bakunin para formar dentro de la Internacional una organización secreta que buscó tomarse la dirección por medio de tácticas conspirativas. Las luchas internas entre las dos tendencias irreconciliables dividieron y debilitaron considerablemente a la Internacional.
Los marxistas también tuvieron que pelear contra Lasalle, y sus seguidores en el movimiento obrero alemán, alrededor de dos problemas fundamentales. Uno, era su táctica oportunista sobre con qué fuerzas aliarse en la lucha. Lasalle apoyó, por ejemplo, las políticas de Bismarck a favor de los terratenientes - junkers - en contra de los partidos burgueses, en vez de defender una política independiente del proletariado. Al mismo tiempo, estos "socialistas bismarckianos" tenían una actitud sectaria hacia los sindicatos y se negaban a entrar en un sindicato si este no tenía su programa y su dirección. No entendían las diferencias entre un sindicato, como organización de masas en el terreno económico que abarca a obreros de todos los grados de desarrollo político y el partido del proletariado que es una selección de obreros revolucionarios con conciencia socialista.
Los fundadores de la Internacional tuvieron que combatir así contra una multitud de enemigos externos y de opositores internos. Estas fuerzas destructivas llegaron a ser arrolladoras bajo condiciones históricas adversas, después del fracaso de la Comuna de París. Esto condujo a la decadencia, desintegración y finalmente a la disolución formal de la Primera Internacional en 1878, después de que su sede fue trasladada a Nueva York.
A pesar de que la Primera Internacional murió, su obra sigue vigente. En 1878 Marx, atacando el argumento de que la Internacional había fracasado, escribió: "En realidad, los partidos obreros socialdemócratas en Alemania, Suiza, Dinamarca, Portugal, Italia, Bélgica, Holanda y Norteamérica, organizados más o menos dentro de fronteras nacionales, ya no son secciones aisladas dispersamente repartidas en varios países y dirigidas por un Consejo General desde la periferia, sino que representan a la clase obrera misma en constante, activa y directa relación, que se mantiene unida por el intercambio de ideas, la asistencia mutua y la igualdad de fines... Así, lejos de haber muerto, la Internacional se ha desarrollado de un nivel a otro más alto, en el cual muchas de sus tentativas originales ya han sido realizadas. Durante el curso de este constante desarrollo experimentará muchos cambios antes de que el último capítulo de su historia pueda ser escrito". Se verá cómo esta visión profética de Marx acerca de las vicisitudes de la Internacional se ha verificado en la realidad.

Conferencias y Congresos realizados por la AIT




Conferencia preliminar de Londres (Reino Unido), 25 al 29 de septiembre de 1865. Trabajos preparatorios para el I Congreso.

Ginebra, 1866: Primer Congreso





El Primer Congreso de la Internacional estuvo reunido desde el 3 hasta el 6 de septiembre. Su orden del día tenía bastante similitud con el temario que los franceses habían publicado el 18 de julio en L' Avenir National y constaba también de once puntos:

1. Combinación de los esfuerzos, por medio de la Asociación, para la lucha entre el Capital y el trabajo.

2. Reducción de las horas de trabajo.

3. Trabajo de las mujeres y de los niños.

4. Sociedades Obreras, su pasado, su presente y su porvenir.

5. Trabajo cooperativo.

6. Impuestos directos e indirectos.

7. Institucional internacional del Crédito.

8. De la necesidad de extirpar la influencia rusa en Europa, por la aplicación del derecho de los pueblos a disponer de ellos mismos y la reconstrucción de una Polonia sobre bases democráticas y sociales.

9. De los ejércitos permanentes en sus relaciones con la producción.

10. De las ideas religiosas, su influencia sobre el movimiento social, político e intelectual.

11. Establecimiento de sociedades de socorros mutuos; apoyo moral y material a los huérfanos de la Asociación.

Asistieron unos 60 delegados de los cuales 33 eran suizos. El otro núcleo numeroso fue el francés con 17 delegados, once de los cuales representaban el Bureau de París. Por parte del Consejo General se hallaban presentes seis miembros; Alemania estaba representada por tres. Entre la numerosa representación suiza había que contar algunas delegaciones afiliadas al Congreso pero no a la Asociación.

Estos guarismos hacen decir a G. D. H. Cole que el Congreso de Ginebra -y el del año siguiente en Lausana- fue una reunión franco-suiza. Inglaterra, ya lo hemos dicho, estimaba la Internacional como algo secundario y su papel, a lo largo de la efímera historia de la Asociación, fue el del freno que detenía los impulsos entusiastas de las demás secciones del Continente. Marx, por su parte, prefería trabajar en el laboratorio y no en el ágora y tampoco se personaba en los congresos: Yo no he podido ir, ni he querido tampoco pero he sido el que ha redactado el programa de los delegados de Londres, le escribirá a Kugelmann el 9 de Octubre.

Los franceses, que querían una asociación genuinamente obrera plantearon de nuevo lo que ya fuera motivo de debate en la conferencia de Londres en septiembre de 1865: que sólo los obreros manuales formaran parte de la Internacional. En plan de concesiones admitían que los intelectuales podían adherir a la Asociación pero que los delegados, en todo caso, deberían ser obreros manuales: Si nosotros admitimos aquí a hombres pertenecientes a otras clases sociales -argumentaba Tolain- no faltará quien diga que el Congreso no representa las aspiraciones de las clases trabajadoras, que no está hecho por los trabajadores; y creo que es útil demostrar al mundo que nosotros estamos lo suficientemente avanzados para poder obrar por cuenta propia. Este razonamiento, presentado en forma de proposición, fue rechazado por 25 votos contra 20. Los suizos, cuyas condiciones eran diferentes a las francesas ya que el deslinde entre obreros y no obreros se perdía en la nebulosa por las características del artesanado helvético, se dividieron cuando se trató de limitar la Asociación a la manualidad pura. Empero, y de acuerdo con la letra de los Estatutos, cada sección podía interpretar a su modo el escollo planteado por los franceses. El Artículo 8 decía: Cualquiera que adopte y defienda los principios de la Asociación puede ser recibido como miembro; pero será, en todo caso, bajo la responsabilidad de la sección que lo admita. Ahora bien, el reglamento que secundaba a los Estatutos y que fuera distribuido a las secciones de habla francesa, decía en su Artículo ll: Cada miembro de la Asociación Internacional es elector, todo elector es elegible si llena las condiciones determinadas por el reglamento particular de la sección a la cual pertenece. Lo que equivalía a decir que, al fin de cuentas, el reglamento particular prevalecía por encima del general.

La presencia de los intelectuales en el seno de la Internacional, posición defendida por los ingleses particularmente o su marginamiento como deseaban los franceses era de capital importancia -dice G. D. H. Cole-, pero tenía significación algo diferente para las delegaciones de los distintos países. Para los ingleses se trataba sencillamente de aceptar la ayuda de algunos pocos miembros de otra clase social, como Marx y un reducido número de simpatizantes pertenecientes a la clase media, con quienes los sindicatos obreros colaboraban en la Liga Nacional de Reforma ... Para los franceses, por otra parte, el problema estaba en si la masa grande y activa de los revolucionarios republicanos dirigida sobre todo por los miembros de la clase media, debería ser admitida en la Internacional que, de ser admitidos, quedaría casi seguramente dominada por ellos de inmediato, al menos en París. El grupo francés, que tomó parte en la fundación de la Internacional, trataba sobre todo, de construir un movimiento característicamente obrero, basado en la federación dentro de sindicatos locales de sociétés de résistence que se estaban organizando en los diferentes oficios. Este grupo quería que estas asociaciones puramente obreras sirviesen de contrapeso al movimiento republicano revolucionario de los intelectuales de la clase media y al mero émeutisme de los blanquistas y otros clubes revolucionarios; y éstos respondieron acusando a los sindicalistas de estar en alianza secreta con Napoleón III, en contra de la revolución. La Internacional misma tuvo que hacer averiguaciones de esta acusación, y la rechazó por no tener fundamento, lo que era cierto. Pero es verdad que los dirigentes franceses de la Internacional estaban mucho más interesados en las huelgas y en los movimientos económicos que en la política, y estaban decididos a evitar que los políticos radicales se apoderaran de su movimiento... (23). Lejos, empero, lo señalado hasta aquí, de significar un acuerdo unánime entre los franceses que estaban divididos entre sí en dos grupos, los moderados, dirigidos por Tolain, que deseaba organizar un movimiento político obrero a base de los sindicatos y luchar en las elecciones (24) con independencia completa de los radicales de la clase media, y el ala izquierda de los sindicatos, dirigida por Eugene Varlín, que no tenía fe en la acción parlamentaria y esperaba convertir a los sindicatos, a través de federaciones locales y regionales, en una fuerza revolucionaria independiente, lo bastante fuerte para arrebatar la dirección de la revolución a los radicales de la clase media (25). Instintivamente, pues, tanto la fracción mayoritaria de Tolain como la minoritaria y ya abiertamente anarquista de Varlín, se oponían a la presencia del intelectual, la mayoría de los cuales integraba la clase media. Esta oposición fue justificada, en un momento de sinceridad, por Marx en una carta que le dirigiera a Engels el 25 de Febrero de 1865: ... los obreros parece que buscan a excluir a todo hombre de letras, lo que es, sin embargo, absurdo ya que los necesitan en la prensa; pero es excusable, vistas las traiciones continuas de los intelectuales.

Las dos corrientes que perennemente se disputaran la hegemonía de la Internacional, la autoritaria y la libertaria, se esbozan inicialmente en los aspectos apuntados más arriba. La corriente sajona es partidaria de la integración de los elementos heterogéneos, la corriente gala desea mantener la homogeneidad en base a integrar la Internacional con trabajadores exclusivamente. Por algo el secretariado parisino se ve compuesto de trabajadores solamente; Tolain es cincelador, Varlín encuadernador, Fribourg grabador,Limousin marcador, Oelorme zapatero, Debock tipógrafo, Delahaye cerrajero, Heligon trabaja en papeles pintados, Bourdon grabador de armas, Bellamy fontanero, Mollin dorador, Laplanche carrocero, Fournain óptico, Culetin zurrador, PerrachonCarmelinat y Guyardmontadores.

Las luchas que posteriormente se trabaron en el seno de la Asociación entre Marx y Bakunín han mermado para los historiadores la importancia de esta primera disconformidad suscitada en la conferencia de Londres en 1865 y posteriormente en Ginebra con motivo de la discusión de los Estatutos de la Internacional.

Pocos se han parado a meditar la evolución que habría tomado la Internacional de Trabajadores si la misma hubiera acordado marginar a los que no lo eran. Por lo pronto las disputas personalistas entre Marx y Bakunín que tan mala impresión causaran a Anselmo Lorenzo (26) y a cuantos lograban mantenerse equidistantes del pugilato, no habrían tenido lugar. Si añadimos a ello que Marx enterró a la Primera Internacional en La Haya para que Bakunín no se la arrebatara, tendremos que deducir que en 1872 no habría ocurrido su muerte prematura. Las objeciones a este razonamiento podrían ser las que ponen de realce la contribución que aquellos dos gigantes de la sociología aportaron a la Asociación. Son objeciones muy discutibles porque la Internacional contaba con núcleos inquietos a la vez que inteligentes, como quedara probado a lo largo de sus congresos y actividades regionales, que habrían sabido vigorizarla, no gracias al artificialismo de la intelligentzia del Consejo General, el vértice de la organización, sino por la fortaleza y la actividad de las seccionales, su base.

En Ginebra, acuerdos concretos sobre todos los puntos del temario no fueron tomados. Los primeros congresos de la Internacional, más que comicios legislativos eran reuniones en las que se cambiaban impresiones y se esbozaban tácticas a ser discutidas posteriormente. El octavo punto, por ejemplo, que trataba sobre la opresión que Rusia ejercía contra Polonia había sido insertado en contra de la voluntad de los franceses que lo consideraban un tema político y no económico. En realidad, si se miran los demás puntos del Orden del Día, el octavo aparece como nota heterogénea. La conferencia de Londres acordó su inserción, pero en Ginebra, a pesar de que se condenó el despotismo ruso, los franceses lograron un colofón en el que la Internacional declaraba: Siendo los asistentes delegados a un congreso económico nada tiene que decir sobre la reconstitución política de Polonia.

Sobre los impuestos directos e indirectos el congreso declaró que en definitiva siempre era el productor quien pagaba por lo que aquellos no podrían ser justos hasta que todo el mundo fuera productor.

Sobre el Segundo punto el acuerdo se resumía así: El hombre sólo es libre con la condición de desarrollar todas sus facultades; en consecuencia, toda prolongación de trabajo que le incapacite para desenvolver y gozar de todas sus aptitudes, debe ser condenada como antifisiológica y antisocial.

Desde ahora, consideramos bastante el trabajo de 8 horas diarias, para la producción de los servicios necesarios a la vida.

Es decir, la Internacional, desde el mismo momento en que se consolida mediante su primer congreso, fija dos preceptos económicos que, en 1866 sobre todo, eran de verdadera avanzada social: todos deben ser productores y la jornada de labor no debe exceder a 8 horas.

Empero, lo que demuestra el largo alcance visual de los congresistas es la declaración según la cual los obreros deben ir más allá de la defensa y aumento de sus salarios: deben ir a su abolición:

El Congreso declara que en el estado actual de la industria, que es la guerra, debemos todos prestarnos mutua ayuda para la defensa de los salarios. Pero es su deber declarar también que existe un fin más elevado que debemos alcanzar; la supresión del salariado. El congreso recomienda el estudio de los medios económicos basados en la justicia y la reciprocidad.





Notas

(23) G. D. H. Cole. Op. Cit. Tomo II. pág. 106 y 107.

(24) Efectivamente, antes de que se fundara la Internacional y con motivo de las elecciones francesas complementarias que tenían que celebrarse el mes de marzo de 1864, sesenta obreros parisinos redactaron y publicaron un manifiesto que apareció en la edición de L 'Opíníon Nationale del 17 de febrero en el que se trata de justificar la participación de candidaturas obreras en las elecciones. El Manifiesto de los Sesenta, como ha quedado calificado después, era una extensa exposición en donde había puntos de coincidencia con el proudhonismo, pero donde también había discrepancias. El primer impulso de Proudhon fue más bien condenatorio: En el fondo ¿qué hay debajo de esto? bastante presunción, ambición, ignorancia, hasta espíritu intrigante y poca moral. Todos estos miembros de sociedad de crédito mutual y de delegados a la Exposición de Londres me parece que están solicitando suscripciones y delegaciones del gobierno... Se le ha mimado mediante elogios insulsos; se lo toman en serio, se codean con la burguesía y le dicen: ¡Queremos un puesto! (Carta a Larramat del 29 de febrero de 1864). Sin embargo, 8 días después, Proudhon escribía en el mismo periódico L´Opiníon Nationale (8 de marzo de 1864): Seguramente que me regocijo del despertar de la idea socialista... Ciertamente que soy de vuestra opinión (a los obreros) y de la de los 60, de que la clase obrera no está representada y debe estarlo. ¿Cómo podría profesar otra opinión? La representación obrera ¿no es acaso hoy como en 1848... la afirmación del socialismo?

La originalidad del Manifiesto de los Sesenta frente al de Los Iguales y al Manifiesto Comunista estriba, según Maxime Leroy,prologuísta de La Capacíté politique des Classes Ouvríeres (Paris 1927) en que: Mientras los autores de los otros manifiestos pertenecían a las clases dichas privilegiadas, los autores del de los 60 eran trabajadores.

(25) G. D. H. Cole OpCít. Tomo II, pág. 107.

(26) Puede asegurarse que toda la substancia de aquella Conferencia (Londres 1871) se redujo a afirmar el predominio de un hombre allí presente, Carlos Marx contra el que se supuso pretendía ejercer otro, Miguel Bakuonine, ausente. Anselmo Lorenzo. EI ProletariadoMilitantepág. 165. México s/d.

Lausana 1867. Segundo Congreso




Después de la celebración del primer Congreso se registraron algunos hechos, en Francia, que vigorizaron a la Internacional y que pusieron de relieve la importancia de la solidaridad entre los trabajadores. Uno de ellos fue el lock out contra los obreros del bronce en París para forzarlos a abandonar su Mutual. Se creó la Asociación de Fabricantes del Bronce para asegurar la independencia y la libertad del trabajo y se comprometía a una indemnización diaria para aquellos obreros que desearan ser independientes. Dicha Asociación niega a la vez el derecho de representación a los obreros a los que quiere forzar a presentarse individualmente para discutir los precios. Los obreros se niegan y los patrones cierran las fábricas el 25 de febrero de 1867 exigiéndoles la renuncia a la mutual si quieren obtener trabajo.

La réplica de los trabajadores fue categórica. Los mutualistas firmaron una declaración redactada en estos términos: Nosotros, los abajo firmantes, declaramos tener el honor de formar parte de la Sociedad de crédito mutuo de los obreros del Bronce que tiene como finalidad, garantizar a cada trabajador una retribución más en consonancia con las necesidades de la vida, y protestamos anticipadamente contra toda sociedad tendiente a rebajar la conciencia y la dignidad del hombre. (27).

El conflicto adquiere dimensiones mayores. Dieciocho delegados representando a otras corporaciones hacen un llamado a la solidaridad: La huelga de los obreros del bronce pone sobre el tapete la cuestión de la solidaridad que debe asegurar nuestra independencia y nuestra dignidad. ¡Obreros, todos nosotros somos atacados, levantémonos unánimemente! (28).

Fluyen las economías de las cajas de las corporaciones. La Internacional apoya el mensaje en favor de los obreros del bronce y logra que las Tracie Unions inglesas aporten también su ayuda económica. Finalmente la Asociaci6n de Fabricantes se ve forzada a ceder. Los obreros del bronce, gracias a la solidaridad de sus hermanos de clase, logran una gran victoria. El número de miembros de la mutual sube vertiginosamente hasta rebasar los 6000 adherentes. El propio prefecto de la policía se ve obligado a felicitar a los trabajadores por la dignidad y la firmeza observada en su conducta.

Otro hecho de relieve fue la huelga de los hilanderos y los tejedores de Roubaix motivada por la imposición de los patronos a fin de que los obreros ejercieran, de inmediato, dos oficios diferentes. Esto fue inclusive reglamentado y fijado en las paredes el 15 de marzo de 1867. Algunos de los artículos, como el 12 y el 13, que establecen la obligación para el obrero de pagar toda herramienta o pieza del trabajo, en caso de rotura, y que, el propio trabajo, sufrirá una merma de salario proporcional a los defectos que presente, provocan disturbios al día siguiente en los que se rompen máquinas, telares y se levantan barricadas frente a la presencia de las tropas.

En las negociaciones que siguen se logra el siguiente acuerdo:

Artículo Primero. EI reglamento relativo a las multas será discutido y decidido por un consejo integrado en partes iguales por patronos y obreros.

Artículo Segundo. Todo obrero tendrá libertad de aceptar trabajar en uno o en dos oficios ...

La parte más interesante, empero, del conflicto de Roubaix, la hallaremos en el estudio que realizan los internacionalistas de las causas del conflicto y las soluciones.

TolainFribourg y Varlín publican una declaración al efecto en la que se lee, entre otras cosas:

El empleo de las máquinas en la industria plantea un problema económico cuya solución inmediata se impone imperiosamente. Nosotros, los trabajadores, reconocemos en principio el derecho de los obreros a un aumento proporcional cuando, debido a la introducción de nuevas herramientas, una producción más considerable es impuesta.

Obreros de Roubaix:

Sean las que fueren vuestras justas quejas, nada puede justificar los actos de destrucción de los que habéis sido culpables. Pensad que la máquina, instrumento de trabajo, debe ser sagrada para vosotros; pensad que esta clase de violencias compromete vuestra causa y la de los trabajadores todos. Pensad que estáis dando armas a los adversarios de la libertad y a los calumniadores del pueblo.

La máquina, pues, aparece para los trabajadores conscientes, no como un enemigo sino como un aliado. Es sagrada dicen los firmantes de la declaración. Desde el primer momento se ve clara y profundamente el problema que, para tantos, no ofrecía más que dos salidas: la destrucción de la intrusa o el paro forzoso para los que la máquina desplazaba. Para los que tenían la confianza de los internacionalistas de París, TolainFribourg y Varlín, ninguna de las dos soluciones era la correcta. Había que luchar, no contra la máquina sino contra el sistema que permitía que los beneficios que aportaba la máquina fueran, en su totalidad, a las arcas de los explotadores. Había que luchar para lograr que la máquina fuera una aliada del obrero, primero, en base a permitirle un mejor standard de vida logrado mediante la distribución proporcional permitida por el aumento de la producción y, segundo, por una disminución en las horas de trabajo.

En un artículo publicado en Siécle de fecha 4 de febrero de 1865, Anthime Corbon, que a la edad de 7 años ya lo encontramos trabajando de aprendiz de tejedor, señala la situación ambiental frente a la Internacional: En aquellos tiempos (unos veinte años antes), aparte un número reducido, la tendencia general de los obreros socialistas era considerar al Estado como su providencia visible y esperar de él la redención de las clases inferiorizadas. He aquí que una nueva generación declara que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos. Y añadía: De lo que sí estoy seguro es que todas las personas cIarividentes y generosas aplaudirán esta reunión en congreso de tantos centenares de hombres representando la élite de los trabajadores de todos los países de Europa. (29).

En el Segundo Congreso, que iniciaba sus sesiones en Lausana el 2 de septiembre de 1867, se podían volcar sobre la mesa experiencias substanciales al tiempo que se podían abrigar mayores esperanzas, si cabe, que las que estaban presentes en Ginebra el año anterior sobre todo por parte de los ingleses y de los que compartían el escepticismo de Marx.

El incidente ocurrido en la sesión inaugural demuestra, desde el primer momento, que los delegados son hombres de avanzada social.Aviolat, en nombre de la Comisión organizadora del Congreso, pronuncia el discurso de apertura dando la bienvenida a las delegaciones y deseando, para ellas, la bendición de la Divina Providencia. Casi todos los presentes manifestaron su protesta porque nada tenía que hacer allí la Divina Providencia y el tono varió desde la objeción moderada hasta el grito estentóreo.

El número de delegados fue más crecido que el de Ginebra, 72 y, de acuerdo con G. D. H. Cole, el comicio volvió a ser un congreso franco-suizo. En efecto, 37 delegados eran helvéticos y 20 eran franceses. Las resoluciones iban a ser, consecuentemente, influenciadas por el pensamiento proudhoniano. Marx, que se muestra algo más optimista que en el de Ginebra, tiene que acusar el golpe pero piensa contrarrestarlo en Bruselas en el Tercer Congreso: En el próximo congreso de Bruselas yo dirigiré personalmente el asunto y les daré el golpe final a esta caterva de proudhonianos. Escribe el 11 de septiembre en carta dirigida a Engels. Este, gran despreciador de la base, como el propio Marx, le contesta abrigando las mismas esperanzas y señalando con una cierta dosis de cinismo: Sin embargo, mientras el Consejo General esté en Londres, todas estas resoluciones (las proudhonianas) no pasan de ser más que leche cuajada para el gato.

El presidente del Congreso iba a ser Dupont, delegado por el Consejo General de Londres, que también delegó a EccariusLessner, Carter.Odger y Cremer. El Secretario fue James Guillaume, una de las figuras más interesantes de la historia de la Primera Internacional y, a la vez, el historiador más imparcial y más completo que la Asociación ha tenido. Marx llegó a odiarlo casi tanto como a Bakunín y su expulsión fue decretada en 1872 en La Haya, junto con la del gran anarquista ruso.

Otros delegados de realce lo fueron César de Paepe, un joven belga de 26 años con suficiente vitalidad para compaginar su trabajo de tipógrafo con sus estudios de médico y sus inquietudes en la lucha manumisorá del proletariado (30), el Dr. Kugelmann, de Hannover, gran corresponsal de Marx, el célebre materialista Luis Büchner, autor de Fuerza y Materia, Darwinismo y Socialismo, Naturaleza y Espíritu, el doctor Pierre CoulIery de la Chaux des Fonds, J. P. Becker, Karl Burkly y otros.

El Orden del Día del II Congreso de Lausana, era el siguiente:

1. ¿Cuáles serán los medios prácticos de facilitar a la Asociación Internacional de Trabajadores, un centro común de acción para la clase obrera en la lucha que ella sostiene contra el Capital?

2. ¿Cómo pueden las clases obreras utilizar, para su emancipación, el crédito que dan a la burguesía y a los gobiernos? Crédito y Bancos Populares. Moneda y papel moneda. Seguros mutuos. Sociedades obreras.

3. Los esfuerzos realizados hoy por las asociaciones para la emancipación del cuarto Estado (la clase obrera), ¿pueden tener por resultado la creación de un quinto Estado, cuya situación sería mucho más miserable aún? La mutualidad o reciprocidad considerada como base de las relaciones sociales. Equivalencia de las funciones. Solidaridad. Sociedades obreras.

4. Trabajo y Capital. Paro, las máquinas y sus efectos. Reducción de las horas de trabajo. División del trabajo. Transformación y extinción del salariado. Reparto de los productos.

5. Funciones sociales. Papel del hombre y de la mujer en la sociedad. Educación del niño. Enseñanza integral. Libertad de Enseñanza.

6. Definición y papel del Estado. Servicios públicos, transportes y circulación. Intereses colectivos e individuales. El Estado considerado como justiciero y guardián de los contratos. Derecho de castigo.

7. La privación de libertades políticas, ¿no es un obstáculo para la emancipación social del trabajo y una de las causas principales de las perturbaciones sociales? ¿Cuáles son los medios de acelerar este restablecimiento de las libertades políticas? ¿No será éste la reivindicación por todos los trabajadores del derecho ilimitado de reunión y de la libertad ilimitada de la prensa?

8. Manifiesto colectivo de los trabajadores al Congreso de la Paz que se reunirá en Ginebra.

Sobre el primer punto el Congreso aprobó una resolución, obra de Eccarius, Becker y Tolain, compuesta de cuatro puntos, que fue una manera elegante de salir del caso. Allí recomiendan ayudar a toda idea de progreso en la vida pública y de tomar la iniciativa para la creación de instituciones de producción o de toda otra iniciativa que presente una utilidad directa para la clase obrera. También se establece que, caso de que el Consejo General no pueda publicar un boletín, hacer cada trimestre una comunicación escrita (Art. 20 del Reglamento) al Consejo Central de cada país, que la cotización central será por año, de 10 cts. para todos los miembros de la A. I. T., y que, los delegados de las ramas y de las secciones que no hayan pagado su cotización central no podrán tomar parte en el Congreso.

En el Segundo punto fueron ponentes De Paepe y Charles Longuet. Este último, en su preámbulo decía: El medio para las clases obreras de utilizar el crédito que ellas dan a la burguesía y a los gobiernos es el de cesar de dárselo, de concedérselo a ellas mismas.

De Paepe presentó su propio informe, en oposición al de Longuet. Un extenso estudio basado en los conceptos económicos de Proudhon: bancas populares para suministrar créditos sin interés, organización de sociedades mutuales y las pautas prudhonianas basadas en el mutualismo en general.

Eccarius, por su parte, trató de imponer el criterio de Londres, es decir el de Marx. Finalmente el Congreso acordó invitar, de una manera urgente a los miembros de la A. I. T. en los diferentes países a usar de su influencia para lograr que las sociedades de oficio apliquen sus fondos a la cooperación de producción, como el mejor medio de utilizar, dentro clel propósito de la emancipación de las clases obreras, el crédito que ellas dan en la actualidad a la clase media y a los gobiernos.

Aquellas sociedades que no quieran consagrar sus fondos a formar establecimientos cooperatívos por su propia cuenta deberán emplear sus fondos a facilitar el establecimiento de la cooperativa de producción en general y hacer sus esfuerzos para establecer un sistema de crédito nacional proporcional a los medios de aquéllos que reclamen su ayuda, independiente de valores metálicos, y establecer un sistema de bancos cooperativos.

El tercer punto aparece como una continuación del precedente y permite una toma de posición aún más clara de los internacionálistas:

1. EI Congreso estima que los esfuerzos realizados hoy por las sociedades obreras (si éstas se generalizan conservando su forma actual), tienden a constituir un cuarto Estado, teniendo debajo de ellas un quinto Estado más miserable todavía.

El peligro supuesto de un quinto Estado, motivado por los esfuerzos actuales de las asociaciones obreras, desaparecerá a medida que el desarrollo de la industria moderna hará imposible la producción en pequeña escala. La producción moderna en grande escala, fusiona los esfuerzos individuales y hace del trabajo cooperativo una necesidad para todos.

2. Para obviar ese peligro, el Congreso entiende que es necesario que el proletariado se capacite bien de esta idea: que la transformación social sólo podrá operarse de una manera radical y definitiva por medios activos que obren sobre el conjunto de la sociedad, y conformes a la reciprocidad y a la justicia.

3. Sin embargo, el Congreso entiende que todos los esfuerzos de las organizaciones obreras deben tender principalmente a que desaparezca en lo posible del seno de estas asociaciones la usurpación o detención que realiza el Capital sobre el trabajo, es decir, a introducir en ellas la idea de mutualidad y de federación.

Mutualidad y federación. El Congreso era ciento por ciento proudhoniano. La influencia de Marx era nula y su carta del 11 de septiembre demuestra el despecho y la envidia, dos de sus grandes defectos, que la actitud de las delegaciones provocó en él. El caso lo obsesiona y 24 horas después le machacará a Engels: En nuestro informe oficial ya arreglaremos a estos locos de París y el año que viene se hará lo posible para llevar a Bruselas a veinte ingleses y treinta alemanes ... Quiere imponer su pensamiento en base a la maniobra, al copo de los votos. En realidad su pensamiento no logró imponerlo nunca en la Internacional. Debido a ello la prefirió cadáver y la mandó a que expirara en Nueva York, lejos de una base que no podía domeñar.

En el Cuarto punto se elaboró un informe del que descolla este párrafo:

La Comisión reconoce que las máquinas son, de todos los medios empleados hasta hoy, los más potentes para llegar al resultado que nosotros buscamos, es decir, el mejoramiento material de la clase obrera, pero que para llegar a él es necesario que por la ayuda de los bancos de crédito mutual y por la Asociación, el trabajo se apodere de estos medios de producción para hacerlos servir en beneficio de todos y que no continúen en las manos de los capitalistas, que hasta hoy los utilizan para sus propios intereses en detrimento de la clase obrera, tanto desde el punto de vista moral como material, por el empleo de un gran número de mujeres y niños en las fábrícas. Todos nuestros esfuerzos deben dirigirse hacia la creación de instituciones de crédito mutual.

El Congreso se remitió, además al acuerdo tomado en Ginebra el año anteríor en el que se hace hincapié de que existe un fin más elevado que debemos alcanzar: la supresión del salario.

En el 5 punto, volcado a la enseñanza, la resolución aparece también amparada por tres apartados:

1. La enseñanza científica, profesional y productiva y la puesta en marcha de un plan de enseñanza integral.

2. La organización dé talleres-escuelas.

3. Considerando que el término enseñanza gratuita es un contrasentido dado que el impuesto extraído a los ciudadanos es una parte de los gastos, pero que la enseñanza es indispensable y que ningún padre de familia tiene el derecho de privar a sus hijos de ella.

El Congreso no concede al Estado el derecho a sustituir al padre de familia sino solamente en el caso que éste esté en la imposibilidad de cumplir con su deber.

En todo caso la enseñanza religiosa será descartada del programa.

Hubo algo muy significativo en este punto del Orden del Día del Congreso de Lausana:

El Congreso -dice un acuerdo al respecto- es de opinión que el establecimiento de un idioma universal y una reforma de la ortografía sería un bien general y contribuiría poderosamente a la unidad y a la fraternidad de los pueblos.

Faltaban, exactamente, veinte años para que Zamenhof ofreciera a la humanidad el Esperanto.

Se puede señalar el punto quinto como el primero en el que los delegados manifestaron discrepancias acentuadas. La idea de la enseñanza en tanto que derecho universal era compartida por todos pero las opiniones diferían fundamentalmente cuando se trataba de asignar la manera de llevar a cabo la enseñanza. ¿El Estado? ¿La familia? Ya hemos visto cómo, al respecto, habían surgido discrepancias en París entre los que reclamaban que el padre debería ser el responsable de la educación: Tolain y la fracción mayoritaria, y los que reivindicaban para la sociedad este privilegio: Varlín y los que lo secundaban. En Lausana hace irrupción otra corriente que reivindica al Estado. De ahí que la moción dé ingreso, por la puerta de servicio, al Estado solamente en el caso que éste (el padre) esté en la imposibilidad de cumplir con su deber.

Los proudhonianos -señalará G. D. H. Cole-, habiendo conseguido incluir en la resolución la expresión que ellos querían, pasaron por lo demás; y las referencias al Estado fueron aceptadas sin haber examinado bien el alcance de su verdadero significado (31).

Empero, donde la discrepancia iba a ser más pronunciada era en el Sexto Punto que reclamaba de los congresantes: Definición y misión del Estado.

Vasseur tocó ser el ponente sobre el punto. En su introducción decía: Si nuestra definición del Estado es exacta, su papel debe limitarse a recibir los impulsos de sus mandatarios, a ejecutar su voluntad, a representar sus intereses, a permanecer en guardián del pacto social, a registrar las convenciones particulares sin que, en ningún caso, pueda por su propia iniciativa o voluntad privada impedir el ejercicio de los derechos que tiene por misión hacer respetar. Para dar a nuestro pensamiento una forma más precisa, diremos que el Estado es la gerencia social; no tiene puntos de intereses distintos a la sociedad porque no tiene ni vida ni existencia propia. Con relación a la nación es un signo, una abstracción.

Difícilmente se podía congeniar la heterogeneidad de ideas que los 72 delegados representaban. El punto no exigía solamente una definición del Estado sino que también reclamaba del Congreso una actitud frente a los transportes, los servicios públicos, los intereses individuales y los colectivos ...

Tolain escribía en Le Courrier Francais del 10 de septiembre: Todos estamos de acuerdo en reconocer que los grandes trabajos públicos tales como el crédito público, ferrocarriles, canales, minas, correos, telégrafos, deberían ser propiedad de la colectividad proporcionados al precio estricto de costo, pero los delegados se dividen cuando se trata de la propiedad de la tierra ...

Efectivamente, ingleses y alemanes son partidarios de la propiedad colectiva mientras que los franceses, y los suizos en menor grado, mantienen de una manera absoluta el principio de la propiedad individual.

César de Paepe, anticipándose a Bakunín en el seno de la Internacional, trataría de presionar en favor de la propiedad colectiva de la tierra y hasta introdujo una enmienda encaminada a tal fin, pero fue rechazada. Los proudhonianos, dice Cole estaban dispuestos a votar en favor de la propiedad pública de otros monopolios, siempre que no se les pidiera que se declarasen en favor de la propiedad por el Estado ... Sin embargo, de ningún modo votarían en favor de la propiedad pública de la tierra, porque eran firmes defensores de la propiedad del aldeano y la consideraban como parte esencial de su derecho personal a la propiedad. (32).

Las discrepancias eran de consideración. El Congreso aprobó finalmente una resolución que decía:

l. EI Estado no deberá ser más que el simple ejecutor de las leyes votadas y reconocidas por los ciudadanos.

2. Los esfuerzos de las naciones deben tender a convertir el Estado en propietario de los medios de transporte y de circulación, a fin de destruir la potencia del monopolio de las grandes compañías que, sometiendo a la clase obrera a sus leyes arbitrarias, atacan a la vez la dignidad del hombre y la libertad individual. Por esta vía se llegará a dar satisfacción a la vez al interés colectivo y al interés individual.

3. Formulamos el deseo de que el hombre culpable (recuérdese que el último apartado del 6 punto era sobre Derecho de Castigo) sea juzgado por ciudadanos nombrados por sufragio universal, que los ciudadanos jurados conozcan a fondo el culpable y que puedan buscar las principales causas que condujeron al hombre al crimen o al error.

Pedimos igualmente que ningún reo sea juzgado fuera del país a fin de que se pueda examinar, como se señala anteriormente, las principales causas que han podido desviarle de sus deberes; que la sociedad entera bastante frecuentemente es la sola culpable. La falta de instrucción lleva a la miseria; la miseria conduce al embrutecimiento; el embrutecimiento conduce al crimen; el crimen a la cárcel, la cárcel al envilecimiento, que es peor que la muerte.

La resolución, en lo que a la propiedad colectiva respecta, adolece de claridad. En primer lugar el Estado no había sido convenientemente definido y la acepción que daba Vasseur, en su introducción, era bien diferente a la que cargaban en sus alforjas los miembros del Consejo General grandemente influenciados por Marx. La propiedad pública habia quedado reconocida pero el nudo gordiano estaba implícito en la definición exacta de quien era administrador de la cosa pública y cómo debería administrarla.

Su discusión, en definitiva, fue pospuesta para el Congreso de Bruselas.

El Séptimo Punto, que fuera introducido en el temario a petición de una asamblea popular de Ginebra, fue resuelto mediante el siguiente dictamen:

Considerando que la privación de las libertades políticas es un obstáculo para la instrucción social del pueblo y la emancipación del proletariado, el Congreso reunido en Lausana en septiembre de 1867 declara:

1. Que la emancipación social de los trabajadores es inseparable de su emancipación política.

2. Que el establecimiento de libertades políticas es una medida parcial de absoluta necesidad.

La brevedad del enunciado deja paso a diferentes interpretaciones. El marxista Amaro del Rosal afirma que: Es la única resolución en que aparece, aunque débilmente, lo que era pensamiento de Marx (33). De Paepe señala, por su lado, que aquello era poner el efecto antes que la causa, James Guillaume, en el Tomo II de su L~lnternationalé, reconoce haber sido uno de los promotores del acuerdo; Jean Maitron ve una contradicción entre el primer parágrafo y el segundo y añade: He aquí lo que podía disipar todo equívoco sobre el as a means del congreso procedente. Pero en verdad las concepciones de los futuros adversarios de Marx estaban lejos de ser claras en aquella época ...(34); G. D. H. Cole dirá su opinión también: Al final, casi todos votaron en favor de estas resoluciones, porque cada cual podía interpretarlas a su gusto. Se pretendía que llenasen una doble finalidad: condenar a los que rechazaban por completo la acción política: los anarquistas y los sindicalistas extremados; y condenar también a quienes estaban dispuestos a trabajar por mejoras sociales sin una revolución política ... (35).

En el Octavo punto, y último del Congreso, se aprobó redactar un manifiesto para el Primer Congreso de la Liga de la Paz y de la Libertad, que tenía que reunirse los días 9 y siguientes del mismo mes de septiembre en Ginebra.

La resolución, obra de Guillaume, decía así:

El Congreso de la Asociación Internacional de Trabajadores, reunido en Lausana.

Considerando:

Que la guerra pesa principalmente sobre la clase obrera, porque le priva, no sólo de los medios de existencia, sino que son los trabajadores los que vierten la sangre;

Que la paz armada paraliza las fuerzas productivas, no pide al trabajo más que obras inútiles e intimida la producción amenazándola con la guerra;

Que la paz, primera condición del bienestar general, debe ser, a su vez, consolidada por un nuevo orden de cosas que imposibilite en la sociedad la existencia de dos clases, explotada la una por la otra;

Debe adherirse plena y enteramente al Congreso de La Liga de la Paz y de la Libertad que se reunirá en Ginebra el día 9 de septiembre; sostenerle enérgicamente y tomar parte en todo cuanto emprenda para realizar la abolición de los ejércitos permanentes y el mantenimiento de la paz, con el fin de alcanzar lo más pronto posible, la emancipación de la clase obrera, y para librarse, al mismo tiempo, del poder y de la influencia del Capital, así como ir a la formación de una confederación de Estados libres de toda Europa.

Se aprobó también, una enmienda de Tolain que decía:

El Congreso:

Considerando que la guerra tiene por causa primera y principal el pauperismo y la falta de equilibrio económico;

Que para llegar a suprimir la guerra no basta licenciar los ejércitos, sino que hace falta modificar la organización social en el sentido de establecer un reparto cada vez más equitativo de la producclon.

Subordina su adhesión a la aceptación por el Congreso de la Paz de la declaración que precede.

Hay una cierta trabazón entre la Liga de la Paz y de la Libertad y la Asociación Internacional de Trabajadores que, a modo de paréntesis, obliga a referirnos a ella.



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Notas

(27) Edouard DolléansHístoíre du Mouvement Ouvríer. Tome I pág 302. París 1957.

(28) DolleansOp. cít. Tomo I. pág. 302 y 303.

(29) Edouard Dolleans. Op. Cit. Tomo I. pág. 297 y 298.

(3O) En 1863 cuando contaba 22 años. Paepe compuso un hímno a la anarquía: An-arquía, sueño de los amantes de la libertad integral,idolo de los verdaderos revolucíonarios, durante mucho tiempo los hombres te han calumniado e indignamente ultrajado; en su ofuscamiento, te han confundido con el desorden y el caos, míentras que, por el contrario, el gobíerno tu enemigo jurado, no es más que un resultado del desorden social, del caos económíco, de la mísma manera que tú serás el resultado del orden, de la armonía, del equílibrio, de la justicia. ¡Que tu reino llegue. An-arquía!.

(31) G. D, H. Cole. Op. Cit. Tomo II., pág. 111.

(32) G. D. H. Cole. OpClt. Tomo II. pag. 112.

(33) Amaro del Rosal. Los Congresos Obreros Internacionales en el Siglo XIX, pág. 153. México 1958.

(34) Jean MaitronHístoíre du Mouvement Anarchiste en France, pág. 47 y 48. París 1955.

(35) G. D. H. Cole. OpCít. Tomo II. pág. 112.